
Hoy, desde Clínica Dental Miguel Ángel García Pérez e Hijos, nos centramos de nuevo en el desgaste dental, pero centrándonos en el último tipo: La atrición dental.
Es un desgaste progresivo, además de fisiológico, de los tejidos dentales duros, en concreto del esmalte dental. En este caso podría llegar al nivel de la dentina, afectando principalmente a las superficies dentales oclusales, incisales e interproximales.
Es frecuente darse cuenta del problema por la disminución del tamaño vertical del diente, causado generalmente por la masticación o por el bruxismo. Destacamos también que provoca un aumento del cemento en la zona radicular del diente, y que puede darse tanto en bordes incisales como en las cúspides de los molares.
Las causas son varias, tal y como os detallamos a continuación:
Pero como hemos dicho antes, también es algo fisiológico que puede ir más allá, convirtiéndose entonces en una atrición severa patológica. Por ello, podemos distinguir diferentes factores que influirían en este desgaste dentario:
Se enfoca principalmente en la prevención. Dichos tratamientos serían:
Por otra parte, si se pierden piezas dentales, es importarte reponerlas para tener una buena salud oral y asimismo, para evitar la atrición dental. En este caso, la mejor opción son los implantes dentales.
Detectar la atrición dental no consiste únicamente en observar si los dientes están más desgastados de lo habitual. Para determinar si existe una pérdida de estructura dental relevante y cuál puede ser su origen, el odontólogo debe valorar el aspecto de los dientes, la distribución del desgaste y la forma en la que contactan entre sí.
Durante la exploración se pueden analizar especialmente las superficies de contacto entre los dientes, los bordes incisales y las zonas oclusales de premolares y molares. La presencia de superficies aplanadas, pulidas o facetas de desgaste que coinciden entre dientes antagonistas puede aportar información importante sobre el origen del desgaste.
Además, el diagnóstico debe tener en cuenta que los diferentes mecanismos de desgaste dental pueden aparecer simultáneamente. Por este motivo, no siempre es posible atribuir todo el deterioro a la atrición sin realizar una valoración clínica completa.
Uno de los aspectos más importantes cuando se observa un desgaste dental es determinar qué mecanismo está provocando la pérdida de tejido.
La atrición se relaciona con el contacto entre dientes, mientras que la abrasión está asociada a una acción mecánica externa y la erosión a la acción de sustancias ácidas que provocan una pérdida química de los tejidos dentales. En determinados pacientes pueden coexistir varios mecanismos, haciendo que el desgaste sea multifactorial.
Esto es importante porque el tratamiento no debe centrarse únicamente en reparar el diente, sino también en controlar los factores que están favoreciendo que continúe el desgaste.
Por ejemplo, si se restaura una pieza que ha perdido estructura pero no se identifica el factor responsable, existe el riesgo de que el problema continúe afectando tanto a esa restauración como a otros dientes.
El desgaste puede avanzar durante bastante tiempo sin producir molestias evidentes. Por eso, algunas personas descubren que existe un problema cuando el cambio en la forma de sus dientes ya es visible.
A medida que la pérdida de estructura aumenta, pueden aparecer diferentes signos y síntomas:
No todos estos síntomas tienen por qué aparecer en una misma persona. De hecho, la ausencia de dolor no significa que el desgaste sea irrelevante.
No todo desgaste dental tiene la misma importancia. Los dientes experimentan cierto grado de desgaste a lo largo de la vida, pero el odontólogo debe valorar si la pérdida de tejido es compatible con la edad, si progresa y si está comprometiendo la función o la estructura dental.
Conviene solicitar una revisión cuando se observa que los dientes han cambiado de forma, se han acortado, presentan zonas planas muy marcadas o empiezan a mostrar sensibilidad.
También es recomendable consultar si otra persona ha observado que se rechinan o aprietan los dientes durante el sueño, ya que este dato puede ayudar al profesional a completar la valoración.
La detección temprana permite observar la evolución y actuar antes de que la pérdida de estructura sea mayor. En los casos de desgaste dental, el objetivo no es únicamente solucionar las consecuencias visibles, sino evitar que el proceso siga avanzando.
Sí. Cuando la pérdida de tejido dental es significativa, puede producirse una modificación progresiva de la anatomía de las piezas dentales y de la forma en la que estas contactan.
El desgaste puede alterar las superficies que participan en la masticación y, en casos avanzados, contribuir a cambios importantes en la dimensión y en las relaciones entre las distintas estructuras dentales.
Por este motivo, cuando existe un desgaste generalizado, la valoración odontológica debe contemplar la función de la boca en conjunto y no únicamente cada diente de forma aislada.
Este aspecto es especialmente importante cuando existen dientes ausentes, restauraciones antiguas, alteraciones de la mordida o signos compatibles con hábitos parafuncionales.
Cuando el desgaste es considerable, la pérdida de esmalte puede dejar expuesta la dentina. En estas situaciones, el problema deja de ser únicamente estético y puede tener repercusiones funcionales y de sensibilidad.
La gravedad dependerá de factores como:
En los casos más avanzados puede ser necesario plantear una rehabilitación dental más amplia, siempre después de determinar la causa y estabilizar los factores que puedan seguir provocando desgaste.
No todos los pacientes necesitan el mismo tipo de restauración. Dependiendo del caso, el odontólogo puede valorar soluciones restauradoras, reconstrucciones o tratamientos rehabilitadores destinados a recuperar tanto la función como la anatomía perdida.
En determinados casos, sí. La posibilidad de reconstruir un diente desgastado depende de cuánta estructura dental se haya perdido, del estado de la pieza y de la causa que haya originado el desgaste.
Las técnicas restauradoras permiten recuperar parte de la anatomía perdida y mejorar aspectos funcionales y estéticos. Sin embargo, no se debe plantear una reconstrucción como una solución aislada.
Antes de restaurar dientes con un desgaste importante es fundamental estudiar por qué se ha producido. Si continúa existiendo una sobrecarga o un factor responsable del desgaste, las restauraciones también pueden verse sometidas a fuerzas excesivas.
Por ello, el abordaje suele seguir una lógica: diagnosticar, controlar la causa, proteger las estructuras dentales y restaurar cuando sea necesario.
La relación entre ambos problemas es especialmente importante cuando el desgaste supera lo que cabría esperar por el uso funcional normal de los dientes.
El bruxismo implica actividad de los músculos de la masticación que puede incluir apretar o rechinar los dientes. Cuando existe un contacto dental repetido y una fuerza elevada, el desgaste puede ser mayor.
Sin embargo, no todo paciente con desgaste dental tiene necesariamente bruxismo, y la presencia de superficies desgastadas no debería utilizarse por sí sola para establecer el diagnóstico.
Por este motivo, la valoración debe combinar la exploración de los dientes con la información que aporta el propio paciente y, cuando sea posible, con otros datos clínicos relacionados con la función mandibular.
Una de las claves del manejo del desgaste dental es comprobar si permanece estable o continúa progresando.
En función de cada caso, el odontólogo puede realizar controles periódicos y comparar la situación de los dientes a lo largo del tiempo. La exploración clínica y los registros realizados durante las revisiones permiten valorar si aparecen nuevas zonas de desgaste o si las lesiones existentes permanecen estables.
Este seguimiento resulta especialmente útil cuando el desgaste es leve o moderado y no requiere una intervención restauradora inmediata.
No todos los dientes desgastados necesitan ser reconstruidos. En algunos pacientes, la mejor estrategia puede consistir en controlar la evolución, eliminar o reducir los factores de riesgo y realizar revisiones periódicas.
Aunque el tratamiento debe adaptarse a cada paciente, existen algunas medidas generales que pueden contribuir a conservar la estructura dental.
Es importante mantener una buena higiene oral, evitar hábitos que sometan a los dientes a fuerzas innecesarias y acudir a revisiones odontológicas cuando se detecten cambios en la forma de las piezas.
También es conveniente prestar atención a determinados hábitos cotidianos, como morder objetos, utilizar los dientes para abrir envases o mantenerlos en contacto de forma repetida sin una finalidad funcional.
En pacientes con desgaste dental también puede ser necesario revisar la técnica de higiene y los productos utilizados, especialmente cuando existen además lesiones compatibles con abrasión.
La prevención adquiere todavía más importancia cuando ya existe una pérdida de estructura, porque el tejido dental que se ha perdido no vuelve a crecer de forma natural.
No. Aunque todos estos términos están relacionados con el desgaste o pérdida de tejidos dentales, describen mecanismos diferentes.
Atrición: se produce principalmente por el contacto entre superficies dentales.
Abrasión: está relacionada con una acción mecánica externa sobre el diente, como determinados hábitos o técnicas de higiene excesivamente agresivas.
Erosión: implica una pérdida de tejido dental provocada por la acción química de ácidos que no tiene su origen en las bacterias de la caries. Estos ácidos pueden proceder de la alimentación o tener un origen interno.
Abfracción: es un término utilizado para describir determinadas lesiones cervicales asociadas tradicionalmente a fuerzas oclusales y tensiones sobre el diente. Su mecanismo exacto y su papel como causa independiente del desgaste siguen siendo objeto de debate en la literatura científica.
Además, estos procesos pueden combinarse en un mismo paciente, por lo que identificar correctamente qué factores participan es fundamental para elegir el tratamiento adecuado.
Puede existir cierto desgaste fisiológico asociado al uso de los dientes a lo largo de la vida. Sin embargo, un desgaste excesivo, acelerado o que provoque pérdida importante de estructura debe ser valorado por un odontólogo para determinar si existe un factor patológico o mecánico asociado.
No necesariamente. Puede permanecer sin síntomas durante un tiempo. Cuando el desgaste es más avanzado, puede aparecer sensibilidad o molestias, especialmente si se ha producido una exposición importante de la dentina.
No. El esmalte dental perdido no se regenera de forma natural. Por eso, una de las principales prioridades es detectar el problema cuanto antes y controlar los factores que pueden hacer que el desgaste continúe.
Puede afectar a diferentes piezas, aunque el patrón dependerá de la forma en que contacten los dientes y de los factores responsables del desgaste. La distribución de las lesiones es precisamente uno de los elementos que ayuda al odontólogo a determinar su origen.
No necesariamente. El tratamiento depende de la extensión del desgaste, su evolución, los síntomas, la función y la causa. En algunos casos puede ser suficiente con controlar la evolución y actuar sobre los factores de riesgo; en otros puede ser necesario realizar una intervención restauradora.
Una férula puede formar parte del manejo de determinados pacientes, especialmente cuando existe bruxismo, pero su indicación debe ser individualizada. No todos los desgastes tienen el mismo origen ni todos los pacientes necesitan el mismo dispositivo.
Es recomendable solicitar una valoración si notas que tus dientes están cambiando de forma, se han acortado, presentan zonas muy planas, tienes sensibilidad nueva o alguien te ha indicado que rechinas o aprietas los dientes.
Cuanto antes se identifique el origen del desgaste, más posibilidades existen de controlar su progresión y conservar la mayor cantidad posible de estructura dental natural.
La atrición dental no debe analizarse únicamente desde el punto de vista estético. La forma de los dientes, la mordida, la función masticatoria, los hábitos y la evolución del desgaste proporcionan información necesaria para determinar qué está ocurriendo.
Además, dos pacientes con dientes desgastados pueden necesitar tratamientos completamente diferentes. En uno puede ser suficiente realizar controles y medidas preventivas, mientras que otro puede necesitar controlar el bruxismo, modificar determinados factores, proteger las piezas y realizar una rehabilitación dental.
Por eso, ante cualquier cambio progresivo en la forma de los dientes o ante un desgaste que comienza a producir sensibilidad o molestias, lo más recomendable es realizar una revisión odontológica.
El objetivo no es solamente tratar los dientes que ya presentan desgaste, sino conservar la estructura dental, mantener una función adecuada y evitar que el problema continúe avanzando.